Centro de operaciones
Órdenes por estado, existencias bajo mínimo, garantías que vencen en los próximos treinta días y las visitas de hoy.
Órdenes, agenda, intervención, bodega, conteos y garantías no son módulos que se sincronizan: son la misma contabilidad vista desde seis sitios. Esto es lo que existe hoy.
Listados densos de nueve columnas con seriales, fechas y montos, con la cabecera fija y las cifras alineadas a la derecha en tipografía tabular. Estado y prioridad viven en columnas contiguas, así que la prioridad usa un glifo ordinal de tres barras que se lee aunque el color no llegue.
Una orden admite varias visitas —la primera diagnostica, la segunda instala el repuesto que hubo que pedir—, cada una con hora real de inicio y fin. Al cerrar, el material consumido sale de la bodega del responsable con sus seriales, en una sola transacción, y arranca la garantía de cada pieza instalada.
Una rejilla mensual propia, sin librería. Cada cita lleva exactamente el token de color de su estado, para que leer el calendario y leer la tabla sean lo mismo, y lleva a su orden de un clic. Los días de los meses vecinos se pintan atenuados, pero se pintan: una visita del día 1 que cae en domingo sigue siendo trabajo de esa semana.
Entradas, salidas y traslados, siempre agrupados en un documento que responde a las tres preguntas de cualquier auditoría: quién, cuándo y por qué. El origen se guarda como par estable —manual, orden, visita o conteo— en lugar de escribirlo en la descripción, para poder volver a él sin leer cadenas de texto.
El conteo compara lo que dice el sistema con lo que hay en la estantería y emite los movimientos que explican la diferencia, de modo que el saldo sigue siendo la suma de hechos. La cantidad de sistema se relee al registrarla: la que vio el operario al imprimir la hoja pudo quedarse vieja mientras contaba.
El informe de garantías se ordena por lo que está por vencer y cada fila enlaza con el cliente, la orden y la fecha de instalación. La bitácora registra cada movimiento con autor, momento y motivo, y vuelve a su documento de origen.
Órdenes por estado, existencias bajo mínimo, garantías que vencen en los próximos treinta días y las visitas de hoy.
Siete tipos, repartidos por cola para que quien pulsa «finalizar» no espere a que se escriban veinte filas de bandeja. A nadie se le avisa de lo que acaba de hacer.
Siete roles con permisos que se deciden mirando la orden concreta. Los catálogos con historial se desactivan, para que sus órdenes se lean años después.
Elegí una que se haya complicado: la que tuvo tres visitas, la que acabó sin cobro, la que dejó material en la unidad móvil.